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viernes, 28 de febrero de 2025

Hace 80 años Perón hablaba en Tucumán.

 



DISCURSO EN LA PLAZA INDEPENDENCIA DE TUCUMAN ANTE UNA CONCENTRACION OBRERA Juan Domingo Perón [28 de Febrero de 1945]



Excelentísimo señor interventor de la provincia de Tucumán; señor Comandante de la quinta división de Ejército; señores Ministros y funcionarios; señoras, señores, trabajadores tucumanos: 

En primer término deseo hacer llegar a ustedes un afectuoso saludo del excelentísimo señor Presidente de la Nación quien por mi intermedio ha querido estar presente en esencia en esta reunión del músculo de Tucumán, a quien la Nación debe tanto por sus sacrificios.

Hay un camino en la República que tiene el simbolismo de la unión de todos los argentinos que nosotros propugnamos: es el camino que une Buenos Aires, que con su 25 de Mayo se convirtió en la cuna de la libertad, con Tucumán, que con su 9 de Julio se convirtió en la cuna de la independencia argentina. Nosotros considerarnos a esa unidad como indispensable para la salvación del país. Vivimos momentos duros como no lo han sido tanto a la largo de toda nuestra historia, pero hemos de salir adelante con la dignidad, con el valor y la decisión necesarias para lo cual necesitamos estar profunda y férreamente unidos como nos encontramos hoy la mayoría de la población argentina. Para ello es preciso que el más humilde de los argentinos se considere un diente indispensable de ese enorme engranaje que es la integridad total de nuestra Patria; pero es necesario también, para que esa unidad sea efectiva, que sacrifiquemos un poco de egoísmo para que en este país, como lo dije muchas veces, no haya hombres exageradamente ricos en perjuicio de otros exageradamente pobres, Para tener hombres decididos a defender la Patria, es necesario, en primer término, que esos hombres sean fuertes y amantes de esa patria, cuyo amor está generalmente en razón directa con la justicia que esa patria asegura para todos sus hijos. Por eso nos hemos puesto a la obra para realizar en nuestro país un trabajo indispensable, para que no pueda existir la desgracia de ver la miseria en medio de la opulencia.

Los soldados sabemos bien de nuestro pueblo; recibimos vuestros hijos y vuestros hermanos en los cuarteles, vivimos con ellos, conocemos sus penas, la desnutrición y las enfermedades de los niños que repercuten en el muchacho de 20 años; sabemos de su miseria inicial y queremos de una vez por todas poner remedio a esa miseria que no toleramos en el futuro cueste lo que cueste y se oponga quien se oponga. Queremos hombres fuertes y hombres sanos, queremos que vuestros niños aprendan a sonreír desde su niñez, queremos que en esta tierra donde el trabajo sobre no haya ningún hombre tan desgraciado que no pueda ganarse el pan con el sudor de su frente. Es natural que todo ello no lo podamos desarrollar en poco tiempo; la incuria y el abandono de cincuenta años mal podrían remediarse en el corto lapso de un año. Ustedes han demostrado poseer la confianza que les pedí inicialmente hace un año y veo nacer en las masas argentinas, una fe en lo que hemos de hacer que nos da todas las fuerzas que necesitamos para luchar hasta lograr nuestro propósito. 

Quiero dar cuenta al pueblo de Tucumán de nuestros planes, de la obra realizada y de la por realizar. En primer término, la Secretaría de Trabajo y Previsión ha buscado obtener en las masas argentinas el dominio y el desarrollo de principios éticos indispensables al trabajador, mediante le elevación de la cultura social, la dignificación del trabajo y la humanización del trabajo. Buscamos organizar el trabajo para que en esta tierra no vuelva jamás a ser una mercancía que se compra. El trabajo es una fuerza humana y ha de organizarse y administrarse como fuerza humana; no habrá en adelante fundamentos capciosos que puedan desvirtuar dentro de la masa trabajadora la mística que nosotros estamos inculcando para su bien y para asegurar su futuro. Para ello es necesario también, que la masa trabajadora comprenda su problema; debe organizarse gremialmente en sindicatos solidamente constituidos y seriamente dirigidos, para lo cual esos sindicatos deberán ser unidos y fuertes, bien disciplinados gremialmente y deben arrojar de su seno toda cuestión, política o ideológica que no esté de acuerdo con su bienestar obrero. La política dentro de un sindicato es una bomba de tiempo destinada destrozarlo cuando menos lo piense la clase trabajadora.

Hemos organizado ya la justicia del trabajador. Es indispensable que el trabajador tenga el fuero que lo defienda de la injusticia de los demás. Esa justicia comenzara ya a funcionar en el mes de junio en toda la Republica.

Hemos estructurado y estamos estructurando la organización de los salarios generales. Hemos de establecer un salario mínimo de cada uno de los gremios y para todos los trabajadores del país. Nadie podrá ya intentar en adelante, la explotación del hombre por el hombre sino que deberá retribuir el trabajo del hombre en forma humana y cristiana. Hemos estructurado totalmente la organización de las relaciones entre los trabajadores y sus patronos. Ya no será posible ni el abuso de los unos ni la prepotencia de los otros. Las finalidades de esa relación se alcanzan ahora en una mesa transaccional bajo el ojo vigilante de la Secretaría de Trabajo que no permite injusticias y que no tolera injusticias de ninguna naturaleza. Mil convenios colectivos hemos realizado en el año 1944; ellos serán la base de nuestro futuro código de trabajo; con él la garantía de la masa trabajadora está asegurada para siempre. 

En la previsión social ya está terminado el plan, que ha iniciado su ejecución para la construcción en el país de casas para obreros por cuatro millones de pesos. Pensamos en pocos años hacer desaparecer el conventillo y el rancho de toda la extensión de nuestra Patria.

En materia de seguros sociales, tenemos ya estructurado el Consejo Nacional de Previsión Social. El panorama del país era triste en cuanto a la previsión social, tenían jubilación sólo aquellos que habían ganado mucho dinero durante su vida, en tanto que los humildes y los trabajadores estaban desamparados totalmente de la previsión social del Estado. Un millón y medio de hombres hemos incorporado este año a la previsión social, con el Consejo aseguraremos el seguro integral de los trabajadores contra los riesgos profesionales y desterraremos el cuadro pavoroso de una vejez desamparada o de una invalidez sin asistencia social. Estamos sobre el camino de la mutualidad integral; en otras palabras, comenzaremos por el ahorro que es la asistencia individual de cada trabajador, continuaremos con la mutualidad, que es la asistencia del grupo, y terminaremos con la asistencia general del Estado que es la previsión social indispensable para la masa de los trabajadores.

Referente a Tucumán, el problema de la azúcar ha tenido una feliz solución; basta ahora que se ponga en cumplimiento el decreto del Poder Ejecutivo, y les aseguro que hemos de poner en movimiento todos los medios necesarios para que eso se cumpla irremisiblemente; no habrá remisos en el cumplimiento de este decreto porque lo hemos de imponer de cualquier manera. Yo pido a los genios, la comprensión necesaria para que ello se realices sin violencia de ninguna naturaleza. El ingenio es en esta tierra un producto del ferrocarril y de la protección del Estado; en consecuencia sus beneficios no han de ser todos para el ingenio sino que es indispensable que ellos aseguren la vida de las masas trabajadoras en esta región insalubre. La protección a la industria sólo se justifica cuando refluye sobre la masa que trabaja y se sacrifica. Se ha dicho que el régimen de trabajo de la industria azucarera argentina puede ser similar al de otros países; yo contesto a esto diciendo que en los demás países las industrias azucareras son industrias de negreros y aquí lo son de blancos y argentinos. 

Referente a las leyes de protección obrera, la ley 11.544 que se refiere al pago de las horas extras, la Secretaria de Trabajo tiene preparada una resolución por la cual se aclara que todo el personal de las fábricas de la industria azucarera tiene derecho al pago de las horas extras, reclama el cumplimiento del decreto N° 678, que aumenta el precio del azúcar y fija los salarios para todos los obreros que intervienen en la industria del azúcar con especialidad. Ese decreto no se discute; se cumplirá en todas sus partes. Ya han intervenido las fuerzas del capital y del trabajo en las conversaciones previas, de manera que sólo resta cumplirlo. Como complemento de una conquista más del decreto, se ha firmado ayer otro decreto, que leva el N° 4531, cuyo texto traigo aquí para que sea leído a ustedes desde este micrófono. 





Seguidamente el capitán Russo dio lectura de dicho decreto y continuando su exposición el coronel Perón agregó :

Sobre asistencia médica y social, la Junta Nacional del Azúcar, que está por constituirse administraros los fondos especialmente destinados a este objeto, por el decreto 678 con la denominación de "fondos especiales”.

Ahora, para nuestros amigos los ferroviarios deseo decirles que los ferrocarriles del Estado, tendrán, en marzo, el escalafón administrativo, y las retenciones ya han sido puestas en planillas para efectuar los pagos en el mes de abril.

Con respecto a subsidios, se ha ordenado la inversión de 250.000 pesos en concepto de subsidios para Tucumán. También traemos la orden para distribuir subsidios de beneficencia. Para ayuda escolar a la provincia de Tucumán, como asistencia social se ha ordenado la inversión de 240.000 pesos para comedores escolares y la suma de 200.000 pesos para ropas de los escolares.

Señores: Antes de terminar, quiero agradecerles profundamente esta demostración que colma mi corazón de argentino y satisface ampliamente los anhelos del Secretario de Trabajo y Previsión. Sólo quiero hacerles una recomendación a los trabajadores de Tucumán. Cuiden sus organizaciones; depúrenlas y únanse, apoyen a la Secretaría de Trabajo y Previsión, porque ese es el organismo que defiende las conquistas presentes y las futuras conquistas de los gremios de los trabajadores. Piensen que esas conquistas han de asegurarlos en el porvenir cuando elijan y apoyen a los hombres que han de ser útiles al país, en primer término y al pueblo en segundo lugar. Piensen que estamos en el comienzo de las conquistas de nivelación social y de justicia del trabajo. Piensen que sólo las conservarán según sea la conducta que observen los trabajadores como ciudadanos de la Nación. Y piensen que si estas conquistas algún día las pierden, no habrá en ello más que un solo culpable: el trabajador mismo. 

Finalmente les agradezco de nuevo todas las amabilidades que ustedes tienen con este modesto soldado de la revolución, les agradezco y les recuerdo que allá en Buenos Aires existe el corazón de la clase trabajadora que palpita y que vive en la Secretaría de Trabajo y Previsión. 

JUAN DOMINGO PERÓN

viernes, 2 de febrero de 2024

Hace 54 años Perón le escribía estas líneas al Doctor Manuel Anchorena.

 



Carta a Dr. Manuel Anchorena 2 de febrero de 1970 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 2 de febrero de 1970.


Dr. Manuel de Anchorena Buenos Aires - República Argentina


Mi compatriota y amigo:


Le agradezco el envío de las publicaciones sobre la "Campaña Pro Repatriación de los restos del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas" y para la solidificación de las bases de nuestra liberación nacional. Ambas cosas deben merecer la preocupación patriótica de los argentinos, porque para asegurar el destino es tan importante defender su futuro como hacer justicia a su pasado.


Don Juan Manuel, no sólo ha tenido la gloria de su grandeza, sino que también ha merecido el honor que le han rendido la infamia y la calumnia de los hombres pequeños. La calumnia, la diatriba y el insulto son siempre homenajes que se rinden a un mérito, a una virtud o a un valor. Pocos han sido más indecentemente calumniados: ello sería ya mérito suficiente como para considerarlo sin más entre los grandes.


Estas son causas cuya defensa no moviliza intereses sino honestidades. Defender al ausente frente a la insidiosa maquinación de la calumnia orquestada por el odio y la pasión subalternos, es una obligación natural de toda persona honrada y, cuanto tal defensa pertenece a la Historia, es una imposición de la propia conciencia de los hombres y de los pueblos.


Desde niño ha repugnado a mi espíritu cuanto se ha escrito sobre Rosas en las "historias" fabricadas por los escribas de la ignominia y el rencor. Hace muchos años, en oportunidad de realizar investigaciones históricas en el Archivo General de la Nación, se me ocurrió echar una ojeada a los archivos documentales de la época de la Santa Federación y me fue dado comprobar que la documentación existente me era totalmente desconocida y yacía bajo una capa de polvo que evidenciaba lo poco que había sido consultada hasta entonces. Esa "historia" había sido escrita' "de oído", como la música barata, por historiadores de ocasión y por encargo. Ha sido necesario esperar la acción de los revisionistas históricos para conocer una realidad oculta bajo la oscuridad nefasta de la mentira.


Nadie, como los que han sufrido el azote de la infamante falsedad de los perversos y la triste incomprensión de los demás, puede juzgar con objetiva ecuanimidad esta clase de delitos contra la verdad y el honor, que suelen azotar sin piedad a los que honradamente trataron de hacer algo efectivo por la libertad y la grandeza de su Patria y la felicidad de su Pueblo.


En la lucha por la liberación, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas merece ser el arquetipo que nos inspire y que nos guíe, porque a lo largo de más de un siglo y medio de colonialismo vergonzante, ha sido uno de los pocos que supieron defender honradamente la soberanía nacional en que se debe asentar la decencia de una Patria y, no en vano San Martín, que había luchado por esa misma liberación, desde el exilio, al que lo habían condenado los enemigos de afuera y de adentro, le hizo llegar su espada y su encomio, que era como arrimarle un poco de su gloria de soldado y de su alma de ciudadano excepcional.


Por eso, querido compatriota y amigo, no sólo me siento atraído por lo que Ustedes están haciendo sino que, desde lo más profundo de mis sentimientos de soldado y de argentino les hago llegar mi más absoluta solidaridad y enhorabuena.


Firmado: Juan Domingo Perón.


miércoles, 17 de noviembre de 2021

Hace 77 años Perón le hablaba a los compañeros del Transporte Automotor: "cualquier otra mezcla que se introduzca en ese sentimiento gremial lo cortará y en vez de hacer la unión de los hombres, preparará la destrucción del gremio"

DISCURSO EN UN ACTO ORGANIZADO POR LOS OBREROS DEL TRANSPORTE AUTOMOTOR Juan Domingo Perón [17 de Noviembre de 1944]




En primer término, señores, agradezco con gran emoción este mástil que representa para mí un obsequio de una exquisitez patriótica tan grande como no pueden ustedes imaginar.

No me había podido explicar nunca porque dentro de nuestro sistema institucional no existía una Secretaría de Trabajo o Ministerio de Trabajo, un Ministerio de Industria y Comercio y un Ministerio de Transportes.

Hoy dentro del panorama de la Nación, se explicaría menos aún que haya una agricultura, una ganadería, un ejército, una marina, las obras que no pudieron ser racionalmente dirigidas, de la misma manera no puede explicarse que la justicia social, que las actividades de la industria y del comercio y que el movimiento de toda la Nación, no estuvieran regulados por un organismo serio y responsable del Estado. 

La Revolución ha querido actualizar dentro de nuestras normas institucionales las actividades de estas fuerzas. La reunión de hoy es la consecuencia de esa preocupación del gobierno: organizar dentro del estado las fuerzas del movimiento de la Nación y, como consecuencia de ello, la unión de todos los hombres que en todas las latitudes del país propulsan ese movimiento, que es algo así como la circulación de la sangre, de la riqueza y del trabajo en todo el organismo de la patria. Como no podría existir un hombre cuya circulación no estuviese rigurosamente controlada `por el corazón, no puede existir un movimiento dentro del país, que no esté regulado por un verdadero corazón. Esto es lo que representa la función esencial de la Coordinación del Transporte, que ha sido confiada a las hábiles manos y a la inteligente voluntad de propulsión del señor general Rossi.

Dentro de esa circulación, el transporte automotor que paulatinamente ha ido adquiriendo en un ritmo bastante acelerado una importancia hasta ahora insospechada, es indudablemente todavía una fuerza incipiente dentro del Estado, comparada con lo que debe llegar a ser en el porvenir. El transporte automotor, limitado hoy por ciertas circunstancias especiales, ha de desarrollarse con un ritmo y una capacidad cuantitativamente tal, después que la guerra termine, que para todos nosotros pueda resultar completamente insospechado. Terminada la guerra, puesta nuevamente en potencia nuestra producción integral, creo que el transporte automotor ha de pasar a ocupar en el panorama de la circulación nacional y del movimiento del trabajo y de la producción del país, el primer lugar entre sus transportes. Siendo así, se imaginarán ustedes con cuanto placer, en mi carácter del Secretario de Trabajo y Previsión, veo que ustedes se deciden a reunirse con todas las fuerzas del sindicalismo gremial en una sola, grande confederación de los hombres del volante para asegurar con ello la posibilidad de conseguir el logro de las aspiraciones de un gremio sordo, fuerte y poderosamente aglutinado. De este modo, el porvenir del gremio está desde ya, perfectamente asegurado.

Se ha dicho que nosotros somos enemigos de las asociaciones gremiales. Se ha dicho también que buscamos un gremialismo estatal, que vamos hacia un sindicalismo dirigido, y se habrán dicho también muchas otras cosas tan inciertas y tan torpes como éstas. Nosotros, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, auspiciamos una sola cosa: gremios bien organizados, representados por sus propios hombres, con disciplina gremial y dentro de cuya organización no se practiquen otras actividades que las puramente gremiales. Solamente así puede asegurarse la estructura de un gremio potente o indisoluble, porque tan pronto como en gremio entran las semillas de la disociación, ya sea política, ideológica, racial o religiosa, el gremio se desmoronará a corto o largo plazo.

Las mezclas que se han de utilizar en la construcción de los cuerpos de amalgama segura, han de ser mezclas puras. El cemento que una a todos los hombres de un gremio ha de ser solamente gremialista, y cualquier otra mezcla que se introduzca en ese sentimiento gremial lo cortará y en vez de hacer la unión de los hombres, preparará la destrucción del gremio y la pérdida de todas las ventajas que la unión y la aglutinación de los hombres pueden representar como fuerzas en la lucha por la vida.

No somos sindicalistas de Estado, ni corporativistas, ni ninguna de esas cosas raras: solamente somos hombres que queremos gremios unidos y bien dirigidos, porque las masas inorgánicas son siempre las más peligrosas para el Estado y para si mismas. Una masa trabajadora inorgánica como lo querrían algunas personas, es un fácil caldo de cultivo para las mas extrañas concepciones políticas o ideológicas. Los organismos que se unen con la finalidad gremial, como lo hacen ustedes hoy, deben ser apoyados y defendidos por el Estado, y los gremios que van tras segundas intenciones políticas e ideológicas deben ser puestos de lado por la ley para que realicen el trabajo dentro de la ley. De manera que si nosotros propugnamos un trabajo dentro de nuestra ley, y al amparo de nuestras instituciones libres, democráticas, republicanas y poderosas como son, no podemos propugnar en manera alguna ninguna agrupación, sea ésta política, ideológica, social, religiosa o racial, que vaya buscando la destrucción directa o indirecta de esas instituciones.

Es por eso, señores, que en la Secretaría de Trabajo y Previsión hemos recibido jubilosamente toda agremiación que persigue los fines nobles del mutuo apoyo entre sus asociados y que no busque derivaciones extrañas fuera del campo gremial. En esta casa no preguntamos al que llega, como piensa ni cual es su partido político; le preguntamos solamente si es un trabajador y si está dispuesto a apoyar con lealtad y con sinceridad a sus propios compañeros de trabajo.

Por esa razón, en esta casa tratamos con el mismo cariño y con el mismo respeto a las agrupaciones patronales y a las agrupaciones obreras que protegen su propia libertad y su propio progreso.

La Confederación del Transporte Automotor, que ha de agrupar a todos los trabajadores argentinos del gremio, representa para el Estado en verdadero puntal por su fuerza de aglutinación. Nosotros hemos encarado la política social sin ninguna intención buscando una nivelación humana y natural de los hombres, tratando de obtener del producto de la tierra la riqueza necesaria para que todos puedan gozar de la dignidad y de las delicias insignificantes que la vida ofrece a todos los hombres. En ello no vamos más allá. Y cuando una gran agrupación obrera nace en al país, sentimos en esa casa una profunda satisfacción porque sabemos que los obreros han de obtener la justicia social que en vano han anhelado durante tantos años, y la han de mantener si se unen, si son fuertes en su unidad y si persiguen en mantenimiento y el progreso de la justicia social, solamente para la justicia social y no para ser empleada en otros campos donde ésta pasa a ser una cuestión anacrónica.

Nosotros, desde esta casa, apoyamos todo lo que sea socialmente justo y nos oponemos a todo aquello que no lo sea; ésa es nuestra ley y la seguiremos manteniendo. Cuando nosotros dejemos de ser, es nuestra profunda aspiración que la justicia social en la República Argentina haya sido asegurada en una forma tal que en el futuro no exista fuerza capaz de borrar una sola línea de las que nosotros hemos trazado en esta casa, sino con ciencia, por lo menos con buena voluntad, con amor y con entusiasmo.

Finalmente, les agradezco a todos que hayan tenido la amabilidad de darnos el placer de poder recibirlos aquí y de compartir con ustedes la excelentes visiones de un porvenir más venturoso para cada uno de los hombres del transporte automotor. Pueden tener ustedes la seguridad más absoluta de que desde esta casa hemos de luchar al lado de patrones y obreros, para que nunca puedan existir conflictos ni luchas entre los hombres que ponen el capital y los que ponen la energía de su trabajo y para el engrandecimiento del país; ningún conflicto ni luchas entre los patrones y los obreros, ni entre unos y otros, con el Estado. Si marchamos así no destruiremos jamás los valores que el trabajo y la riqueza crean para el país, y cada uno de nosotros en esa convivencia de colaboración y de cooperación de todas las fuerzas llegaremos a esa sagrada unión de todos los argentinos, que es nuestra más alta misión de gobierno, asegurando con ello una felicidad que será siempre mayor para cada uno de los hijos de esta bendita patria que Dios nos ha dado para conservarla grande y unida.

JUAN DOMINGO PERON

viernes, 30 de agosto de 2019

Hace 46 años hablaba Juan Domingo Perón en el Congreso Nacional




DISCURSO EN EL CONGRESO NACIONAL 
Juan Domingo Perón 
[30 de agosto de 1973]


He querido llegar hasta acá para sintetizar las ideas que surgen del conocimiento paulatino que vamos tomando de la situación nacional. Desgraciadamente, esa situación nacional no es nada alentadora. Es indudable que durante muchos años las instituciones han ido trastocando sus funciones y paulatinamente degenerando en una dirección que no es ni ha sido la mas conveniente para la comunidad.
En esto los argentinos tenemos que hablar sin reservas mentales, porque la situación se puede ir compulsando a medida que es posible ir penetrando en los distintos factores y circunstancias que juegan tanto en la situación política como en la social, la económica, la cultural, etcétera. Solo ahora, con base en los informes que he ido recibiendo, puedo decir con toda franqueza cua1es son las ideas que nosotros debemos contemplar en estos momentos, para encarar una solución que, con todo, no es nada fácil.
Creo yo, y así lo he trasmitido a muchos señores -especialmente, dirigentes políticos con quienes he mantenido y mantengo un permanente contacto que la situación de la Republica Argentina -y esto lo digo con la experiencia que presupone mi larga preocupación por la cosa publica durante los dos periodos constitucionales de gobierno que me toco desempeñar en el pasado-, creo que la situación argentina es de tal naturaleza, que es imprescindible que todos los argentinos, deponiendo todas las pasiones que puedan habernos movido y todas las controversias en que podamos habernos vistos envueltos en el pasado, nos persuadamos de la necesidad de que todos, unidos y solidarios, nos pongamos a resolver una situación que, de otro modo, puede conducirnos a un desastre futuro.
Al conformarse un nuevo gobierno, cualquiera sea el candidato que tome la responsabilidad, deberá asegurar para esa etapa una acción mancomunada, sin la cual el país no tendrá mucho que agradecernos. Pienso yo que al país, durante este primer Gobierno del Pueblo, es necesario que lo consideremos como en estado de emergencia.
Lo mismo que ha sucedido en otros países que, al terminar una guerra o ante una gran catástrofe, declaran el estado de emergencia, en el cual toda otra consideración menor pasa a segundo plana, para ir a 1o fundamental, que es la salvación de la comunidad, fuera de la cual no hay solución para nadie, porque nadie ha de realizarse en una comunidad que no se realiza.
Con esa preocupación es que he querido llegar hasta los compatriotas legisladores de todos los sectores. Cada uno debe estar animado de los mismos sentimientos y actuar con sinceridad que exige la consideración de estos problemas. En consecuencia, se descuentan la buena intención y la buena fe, sin reservas mentales de ninguna naturaleza, como debemos hablar hoy todos los argentinos, si es que tenemos el deseo de que el país salga adelante, como creo ocurrida en poco tiempo.
Los dos Gobiernos -el que transcurrió desde el 25 de mayo y el que esta actualmente en la dirección del Estado- han recibido una planificación que no es de ahora. Si nosotros recién comenzamos ahora a estudiar los problemas y a preparar una planificación, llegaríamos tarde.
Hace ya varios años que, en nuestro Movimiento, organismos perfectamente orgánicos han venido estudiando los problemas, de manera que el Gobierno ha recibido el producto de toda esa planificación y de esos estudios, especialmente en el aspecto económico, que es por ahora uno de los mas importantes, fuera del político, que es el mas importante de todos.
La solución del problema político dará lugar a las demás soluciones. Pero el problema económico es de una importancia extraordinaria. Por eso se ha venido trabajando intensamente, y todos los proyectos de leyes que se han pasado a la consideración de los señores legisladores han sido estudiados profundamente y pertenecen a un plan de conjunto, como deben ser los planes que elaboremos en el presente: pensando en el futuro inmediato.
Por eso, yo hago de esta oportunidad una ocasión para pedirles a los señores legisladores que contemplen y aceleren los estudios de todos los aspectos del conjunto de leyes económicas, sin las cuales quedaran detenidos algunos planes, ya que solamente podrán ejecutarse mediante estas leyes.
Si no, habrá que actuar con contratos, diremos de intención, que no es lo mismo que poder hacer ya los contratos definitivos, porque la ayuda que nosotros necesitamos, y que esta en marcha, no hay que desperdiciarla.
En esto, como en todas las ocasiones de la vida, al hierro hay que doblarlo cuando esta caliente. Yen este momento, nosotros tenemos oportunidad de poder asimilar una enorme ayuda, que quizá en el futuro no sea de la misma cantidad y de la misma calidad
Este es un pedido que yo hago a los legisladores especialmente, por que estoy siguiendo muy de cerca toda esa legislación. Hay que darse cuenta de que tampoco esta es una legislación que fijarla todo con carácter definitivo, pero cualquier defecto que durante la marcha pueda observarse es susceptible de corregirse inmediatamente por una nueva legislación que los señores legisladores tendrán en sus manos y bajo su responsabilidad.
De manera que lo que queremos es que no se pierda tiempo.
Ya esto puede ponerse en marcha, y eso es de una importancia decisiva para la solución de muchos problemas económicos que están pendientes.
Yo tenía también el deseo de tratar el problema político. Ese problema político, para nosotros, puede ser absolutamente decisivo.
Existen circunstancias que estaría de mas que yo comentara, porque los argentinos somos pocos y nos conocemos bastante bien. Es necesario actuar a través de un buen… desviaciones, siempre posibles si son ayudadas por los dirigentes políticos.
El dirigente político en la Republica Argentina, como en casi toda Latinoamérica, tiene un momento de la vida en que debe contemplar con gran prudencia y penetración su situación.
Las comunidades modernas, como los pueblos, no valen ni por la cantidad de territorio, ni por la cantidad de habitantes, sino por la calidad de 1os dirigentes políticos que las encuadran y las conducen.
Precisamente contando con esto han especulado las fuerzas que venían actuando en favor de la dependencia. Y han especulado con mucha sabiduría.
Hemos observado que, desde hace muchos años, los dirigentes políticos han sido objeto de una denigración permanente. Es decir, hay una organización que se ha encargado de llevar a la conciencia de mucha gente fácil de convencer que el político es siempre un venal, un ladrón, un sinvergüenza y un hombre que no ama a su Patria.
Esto, desgraciadamente, se ha hecho cierto en muchas oportunidades, y nosotros, los políticos, hemos sido los mejores colaboradores que tales patrañas han tenido, porque nosotros nos hemos encargado de decirnos todas esas cosas todos los días, aun a sabiendas de que eran falsas y que servían a intereses que no eran los del pueblo argentino.
Esto, señores, es un asunto ya muy conocido y que pertenece a la historia. Y aunque no han transcurrido en algunos casos los veinticinco años que permiten las publicaciones, podemos saber perfectamente como se han gestado y por que.
Todo esto, para nosotros, ha comenzado en 1956 con la primera reunión de presidentes de America, que se realizo en la ciudad de Panamá y a la que concurrieron los jefes de Estado de las veintiuna naciones latinoamericanas.
En esa primera conferencia de presidentes de America, yo, que estaba desterrado en Panamá, tuve ocasión de meter la nariz desde lejos; y la metí “porque entre los jefes que asistieron tenia buenos amigos”.
Hablando sobre la información publicada, uno de ellos, hombre de gran claridad, dijo:
“Vea, todo esto ha sido con un solo objeto. Para que se ha hecho esta conferencia lo dijo en los últimos días de la Conferencia el presidente Eisenhower, y es porque una guerra internacional entre los países latinoamericanos ya no seria posible en el futuro, por la sencilla razón de que las fuerzas, convencionales - es decir, ejercito, marina y aeronáutica - habrían perdido su razón de ser de antes. Pero, como el comunismo era el enemigo que teníamos en el continente, esas fuerzas debían dedicarse exclusivamente a combatir al comunismo”.
Aprobada esta idea, se estableció una reunión de los comandantes en jefe para dos años después, en San José de Costa Rica. En el interregno, entre el 56 y el 58, se invito a los jefes a las visitas consabidas, y en el Pentágono, probablemente, les hicieron el lavado de cerebro correspondiente; se establecieron cursos especializados de las fuerzas del Caribe en el Canal de Panamá, y dos años después se realizo la conferencia de San José.
Pero lo importante viene después.
A raíz de eso, todos los países latinoamericanos cayeron en manos de dictaduras militares. Las consecuencias las sacara cada uno de ustedes.
Y es curioso que, juntamente con esa acción, donde indudablemente mediaron cuestiones inconfesables, arrecio de una manera tremenda el ataque contra los dirigentes políticos de toda Latinoamérica.
Los diarios, revistas y, como digo, desgraciadamente nosotros mismos, nos encargamos de sacarnos el cuero mutuamente, en favor de una causa que realmente era una infamia.
Por eso creo yo que, contra toda esa dependencia, debemos reaccionar.
Ya no es posible que sigamos nosotros sirviendo intereses hábilmente tramados, que van tras finalidades contra las cuales todos nosotros estamos decididos a combatir. Bajo tal dependencia, ningún país podrá realizar su propio destino.
Pienso yo que todas esas circunstancias han de ser conocidas por el pueblo argentino, y especialmente por nosotros, los políticos, tan denigrados durante tantos años, a pesar de todos los sacrificios que hemos soportado para servir de alguna manera a la patria de la manera en que cada uno de nosotros la entiende.
Señores, podría comentar que el haber estado tantos años lejos del país me ha permitido conocer muchas cosas que aquí, con el trafico gallináceo de firmar decretos todos los días en la Casa de Gobierno, no se puede conocer. Pero nosotros debemos comenzar a pensar ya en grande.
Ese juego de enanos que se ha dado en muchas oportunidades, tenemos que abandonarlo.
Tenemos que empezar a pensar que formamos parte de un continente cuyo destino es envidiable, aun para los superdesarrollados, que se están quedando sin las riquezas naturales, y a pensar que nosotros los que disponemos de esas reservas, seremos los ricos del porvenir, en tanto ellos serán los pobres del futuro.
Este es un proceso que esta en marcha desde que termino la segunda guerra mundial. Es decir, que los que han destruido ecológicamente sus zonas de supervivencia echan sus ojos hacia las zonas de grandes reservas que todavía existen en la Tierra, aunque no porque hayamos sido muy previsores para no destruirlas, sino porque no hemos tenido ocasión de hacerlo.
Pensemos en esta gran enseñanza, porque la etapa que viene de acá al comienzo del siglo XXI -el temido año 2000- tiene que ser de grandes previsiones si no queremos sucumbir. De ahí que nuestra política internacional ha de estar dirigida a la unidad latinoamericana y a la conformación de un continente unido, solidario y organizado para defenderse.
Nada hay hoy mas importante en la política internacional que eso, porque si no nos organizamos y preparamos para defendernos, nos lo van a quitar todo, y por teléfono, si es necesario.
Hay que pensar, señores, en que va el mundo -y, sobre todo, los grandes países- esta pensando en que esta evolución que nosotros hemos presenciado, va a desembocar, quizás antes que comience el siglo XXI, en una organización universalista que reemplace al continentalismo actual. Y en esa organización universalista se llegara a establecer un sistema en que cada país tendrá sus obligaciones, vigilado por los demás, y obligado a cumplirlas aunque no quiera, porque es la única manera de que la humanidad puede salvar su destino frente a la amenaza de la superpoblacion y de la destrucción ecológica del mundo.
Axial que, nosotros debemos comenzar a pensar también, que ese universalismo ha de ser organizado por alguien, y que, si nosotros no nos disponemos también a intervenir en la organización de este internacionalismo, todos nuestros años de lucha por liberarnos serán inútiles, porque si los imperialismos actuales imponen el ritmo de esa universalizaci6n, lo harán en su provecho, no en el nuestro.
Señores: por eso pienso que los enormes problemas que los argentinos de la generación que no sigue a nosotros deberán resolver son de una importancia tal, y tan llenos de peligros y de asechanzas, que si no se los descarta por una acción que comencemos desde ahora, es probable que lleguemos con retardo a su solución, en consecuencia, paguemos como pagan todos los que llegan tarde.
Lo que quiero es tratar de despertar en el animo de los argentinos la conciencia de que debemos unirnos para resolver estas minucias de nuestra política interna, porque esta frente de nosotros una juventud a la cual tendremos que legarle algo positivo, y lo positivo que podemos legarle es lo que hagamos para las soluciones del futuro mediato. Si no, la juventud tendrá un día derecho a decir que nosotros hemos sido unos patanes que no hemos sabido resolver un problema que en ese momento ellos verán con una claridad meridiana.
Seamos capaces de pensar, seamos capaces de prever, y empeñémonos en las empresas importantes, con todo el empeño que debemos poner, dejando las cosas subsidiarias y secundarias -como es la política interna-, para resolver lo principal entre amigos que buscan y quieren un destino común.
Nuestro Gobierno ya esta dentro de estas orientaciones, y el Poder Ejecutivo esta obrando dentro de ellas. Así, pues, hemos corregido muchas cuestiones que nos presentaban equivocadamente frente a un mundo que nos esta observando.
Dentro de pocos días se realizara la segunda reunión de países no alineados. Nosotros estamos y estaremos allí, estaremos dentro del concepto de lo que esa gente defiende: un tercer mundo. Un tercer mundo que en el futuro no dejara que los imperialismos puedan resolver el problema de la organización universal en su provecho y beneficio, y en perjuicio de todos los demás.
Ahora, con referencia a esa política interna, que también entre nosotros tiene su importancia -salvando, sin duda, el gran plafond donde debemos poner la inspiración y el pensamiento para ese futuro al que debemos y tenemos derecho a aspirar, es indudable que ha llegado el momento de que la política argentina cambie totalmente, sin dejar de seguir respetando, por supuesto, los principios democráticos en los que se ha fundado nuestra nacionalidad.
Pero no dejaremos de obedecer también a esa evolución que nos lleva hacia otras direcciones, que no son las mismas que ella. La democracia tiene en su concepción integral, infinito número de gradaciones y de matices. Se puede cumplir de varias maneras, como ha venido ocurriendo en todas las etapas de la evolución de la humanidad.
El Medioevo creo su sistema, el sistema feudal. Las nacionalidades crearon su sistema demoliberal. El continentalismo crea su sistema eminentemente social.
El hombre no interviene sino subsidiariamente en la evolución.
Esta es obra del determinismo, y a veces del fatalismo histórico. El hombre cree que el lo hace. ¡Pobre ingenuo! El solo crea un sistema periférico, para poder, como una montura, acomodarse y cabalgar sobre la evolución, sobre la etapa de la evolución que le toca vivir.
Así hemos sido feudales, demoliberales, socialistas hoy, porque el mundo va, indudablemente, en esa dirección, y no sabemos que seremos en la etapa universalista, que esta mas próxima que lo que todos nosotros imaginamos.
El Medioevo duro quinientos años, pero se andaba en carreta. En la época del automóvil, el demoliberalismo duro dos siglos: el diecinueve y el veinte. El continentalismo, en la época del jet, ¡quien sabe si llega al año dos mil!
Empezara un nuevo sistema, que caracterizara las nuevas formas de la organización universal, en la que todos los países han de comprometer sus destinos si no quieren sucumbir.
Porque este problema se resuelve de dos maneras. Una es buscando la solución geopolítica que permita una mayor producción y una mejor distribución de los medios de subsistencia. La otra es la bomba de cien megatones, que también será una solución, si la insensatez de los hombres no acertara a resolver el problema por la vía geopolítica.
Me temo mucho que eso pueda suceder, porque veo como se comienzan a defender ya las formas políticas y sociales de una situación injusta para el noventa por ciento del mundo. Allí esta el centro de inspiración de nuestra política, sin ocuparnos inútilmente de las palabras. No, son los hechos los que han de movilizar nuestra acción y nuestra conciencia, no las palabras.
En esto, la política interna de nuestro país ha de cambiar, como cambian todas las democracias modernas. Hoy es imposible hacer congeniar los partidos políticos de hace un siglo y aun de hace medio siglo, cuando las formas falsas de la política habían llegado a conseguir que un argentino pudiera ser mortalmente enemigo de otro argentino.
Hoy eso, señores, es inaceptable. Es inaceptable acá y en Budapest. Es una cosa pasada ya para el mundo. Hoy, las formas de lucha política son totalmente diferentes. Se hacen todas orientadas con un solo objetivo: el bien del país, en el que cada uno pone su idea, sea de extrema derecha o de extrema izquierda, no interesa de donde, siempre que sea una idea que pueda ponerse al servicio del destino y la grandeza del país.
Señores, si fuera otra fuerza política la que obtuviera el triunfo en las elecciones y se hiciera cargo del gobierno, para nosotros seria igual, en las circunstancias en que nos encontramos.
Daremos sin ninguna clase de sectarismos y sin exclusiones de ninguna naturaleza la posibilidad de que cada argentino bien intencionado, cualquiera sea el rotulo con que venga, pueda intervenir en la acción de gobierno, ya sea en lo legislativo como en lo ejecutivo.
Nosotros haremos posible que todos los argentinos, cualquiera sea su matiz político, puedan intervenir en la defensa de la cosa pública, respetando por las demás fuerzas.
Nunca he visto ese respeto a las minorías del que se habla, aunque lo he oído citar desde que tengo uso de razón. Pero lo he visto atropellar también desde que tengo uso de razón. No he conocido ningún sistema argentino -y cumpliré ya setenta y ocho años dentro de pocos días-, no he visto que se le diera la menor importancia, como dicen los muchachos, que se le diera corte a las minorías, lo que es injusto, y no debe ser.
Los grandes valores que la inteligencia pone en los hombres no indican que han de estar en la mayoría o en la minoría, están en todas partes. Es necesario que eso sea lo que juntemos y acopiemos para llevar adelante el país, siempre que este calificada con la honradez y la lealtad que este debe exigir a cada uno de sus hijos.
Señores: yo no quiero abrumarlos a ustedes con muchas otras cuestiones que podríamos desarrollar dentro del panorama nacional. Me basta con pocas líneas sintéticas para fijar de una manera general la orientación que el Movimiento Justicialista y el Frente Justicialista de Liberación Nacional tratan de desarrollar, y es la de pedirles a todos los dirigentes políticos de las otras fuerzas políticas que sean nuestros amigos y nos acompañen en la tarea que es común.
Pensando en lo que hay que realizar “ningún esfuerzo realmente útil para el país puede ser despreciable”.
Yo he querido llegar a ustedes con estas palabras, que reafirman, de la manera mas absoluta, que nuestro gobierno, si es que triunfamos, será un gobierno de emergencia, porque la situación tanbien es de emergencia.
En ese gobierno de emergencia haremos lo que en los casos de emergencia hay que realizar: llamaremos a todos los argentinos y pondremos en sus manos la posibilidad de hacer cada día algo por la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra Nación.
Yo quiero que todos los argentinos sepan que nuestro Movimiento ni es sectario, ni es excluyente. Hemos dado prueba de ello a lo largo de treinta años. Todo el que ha querido llegar a nuestro Movimiento, ha llegado, y ha tenido el mismo derecho que todos los demás, porque yo no creo que los movimientos sirvan solamente, como dicen algunos, con los de la primera hora. Sirven con los de todas las horas, y eso es lo que nosotros buscamos.
Si en esa etapa de emergencia somas capaces de olvidar y echar a la espalda todas las pasiones que hayan podido agitarse en el pasado, recién entonces dispondremos del espíritu suficiente para encarar esta gran tarea común con la solidaridad que el propio patriotismo nos esta exigiendo.

JUAN DOMINGO PERON

jueves, 30 de mayo de 2019

Hace 75 años Perón hablaba en Córdoba




DISCURSO ANTE UNA CONCENTRACION OBRERA, EN LA CIUDAD DE CORDOBA 
Juan Domingo Perón 
[30 de Mayo de 1944]


Un acontecimiento feliz, de amplias proyecciones nacionales, que acaba de conmover a esta ciudad, docta y dinámica, en la cual se complementan tan bien la inquietud del espíritu, la elevación del pensamiento y la capacidad creadora, me proporciona la satisfacción profunda de este contacto personal, directo, con los trabajadores de Córdoba, cuyos problemas conozco, cuya situación me preocupa y cuyas grandes y limpias aspiraciones comparto argentinamente.
He venido a esta ciudad, que es constante laboratorio de ideas y usina de fecundas realizaciones, para asistir, en mi carácter de Ministro de Guerra, al bautismo de una máquina aérea, concepción del ingeniero nativo, ejecutada con manos criollas. Ahora, como Secretario de Trabajo y Previsión concurro a esta asamblea para proclamar mi júbilo por las realizaciones técnicas que hemos hecho posibles mediante una magnífica conjunción de fuerzas y para asegurar que así como aquella obra materializa un afán hondo y una firme voluntad dinámica, otros hechos, también auspiciosos, traducen nuestras preocupaciones y actividad en el sentido de estructurar cuanto el país necesita y requiere en el orden social. Todo esto resulta muy grato para mí, pero debo añadir algo más: que tengo el honor de traeros el saludo del Excelentísimo señor Presidente de la Nación, general Farrel, quien me ha hecho portador de sus expresiones de afecto y su palabra de aliento, mensaje que os entrego con toda simpatía y cariño. También os traigo el saludo de todos los hombres que me acompañan en la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde se da forma al nuevo derecho de los argentinos y se aplican sus principios con el más hondo sentido de solidaridad.
Con viva complacencia he escuchado la palabra de cada gremio, de cada agrupación o sector, en esta asamblea como oí las solicitaciones individuales, en las ocasiones que tuve que conversar con los obreros y empleados de la ciudad y la provincia. Tendré presente cuanto se me ha dicho, valorando con equidad cada expresión, apreciando cada hecho, en su verdadera medida y preocupándome muy sinceramente por las soluciones que deben dar se sin pérdida de tiempo. Pero quiero llevar desde ya al ánimo de vosotros, y de cuantos me escuchan, que muchas de esas peticiones han sido consideradas y en breve aparecerán los acuerdos que concreten el pensamiento del gobierno. Los ferroviarios, los empleados de comercio, las enfermeras, para citar algunos casos, como los trabajadores del campo, son motivos de nuestra preocupación ye l fin de la acción consiguiente. Estamos preparando el Estatuto del Peón, que terminará con la orfandad del trabajador rural, en materia legislativa, fijándosele y un salario que le permita satisfacer todas sus necesidades. El salario familiar se impondrá al fin, porque es justo que perciba más el obrero o el empleado que tiene cargas de familia. El asunto de las retenciones de los ferroviarios a que se ha referido uno de los oradores es estudiado en todos sus aspectos y pronto se conocerán las disposiciones gubernamentales en tal materia. Esto no solo traduce nuestra disposición y nuestra voluntad, sino la firma acción oficial, para que sean satisfechas tan humanas aspiraciones.
La firme orientación del gobierno que representó en cuanto concierne a la acción social, ha sido expuesta con claridad aplicada con energía, cada vez que un conflicto o un problema ha necesitado la intervención gubernamental. En tres oportunidades recientes me he referido a los principios esenciales de autoridad, de organización y de justicia, que junto al propósito obstinado de hacer, fijan el rumbo social del actual gobierno y precisan las consignas rígidas a las que todos hemos de ajustar nuestra acción inmediata.
Comenzamos por reivindicar para el Estado –que junto a los patrones y obreros forma las tres partes en todo problema social- ese principio de autoridad que había sido abandonado por indiferencia, por incapacidad, o por cálculo. Nadie podrá alegar ahora desconocimiento de la función que le toca cumplir en el futuro.
Los representantes del capital y el trabajo deben ajustar sus relaciones a las reglas mas cristianas de convivencia y de respeto entre seres humanos. El estado, a su vez, se reserva el derecho de ejercer una función conciliadora, exigiendo por igual el cumplimiento estricto de los obreros, y el pleno goce de los beneficios consiguiente a cada una de las partes.
En el cumplimiento de esta exigencia, seré inflexible. Nadie podrá desconocer esta facultad tutora de las autoridades del trabajo, porque ello sería peligroso, trastornando los cimientos de organización social deben ser respetado como los tribunales de justicia. Es necesario acostumbrarse definitivamente a esta idea, porque no estamos dispuestos a delegar una función que corresponde íntegramente al gobierno, ni queremos dejar librada la solución de un problema a la buena o mala voluntad de unos u otros.
Todo conflicto encierra una perturbación social de repercusión inmediata en la economía y bienestar general, y es función de gobierno evitarlo en lo posible o resolverlo con celeridad, energía y justicia.
Pero hay algo más. La labor de la Secretaría de Trabajo y Previsión, organismo mediante el cual el Estado va en defensa de los derechos de las masas sufridas y laboriosas, es la garantía absoluta de esta nueva justicia. Nadie ha golpeado vanamente a sus puertas. Ningún conflicto quedó sin solución. Centenares de los seis meses de la nueva era de política social argentina, que hemos inaugurado, ha habido una transformación fundamental.
El profundo contraste que señala este momento de tránsito entre abstencionismo indiferente y suicida de un régimen que fenece y la acción social que se inicia vigorosamente, ha sido señalada, con intención inconfesable, como una intromisión estatal en las organizaciones obreras. Señalo esta acusación porque no soy hombre de decisiones a medias y se que a los enemigos sociales hay que enfrentarlos con la franqueza y el valor que nos dan nuestras propias convicciones.
Cuando asumí la Secretaría de Trabajo y Previsión, proclamé la necesidad de cumplir uno de los imperativos culminantes de nuestra hora: imperativo de la organización de las fuerzas creadoras de riqueza social. Sostuve que era imperioso estimular al espíritu de asociación e impulsar a las entidades gremiales conscientes de sus deberes y funciones específicas, para que colaboraran en la acción encaminada a extender los principios de la justicia social.
No hemos perseguido otra finalidad que la de fortalecer las asociaciones para que estén en condiciones de gravitar en la regularización del trabajo y en el mejoramiento del standard de vida de los trabajadores. Porque sé cuanto esto significa para los trabajadores del país, me opongo severamente al debilitamiento de esas organizaciones o al reconocimiento oficial de los grupos constituidos por los que abandonas sus filas alentados por fuerzas disociadoras que no se resignan a perder sus posiciones.
La Federación Gráfica, representando a todos los trabajadores de imprenta del país; la Federación de Periodistas, asumiendo la de esos miles de intelectuales diseminados en toda la extensión de la República; las asociaciones de telegrafistas y de enfermeros, y la Unión Ferroviaria, reuniendo 200.000 voluntades dispersas, entidades fuertes y prósperas, ofrecen una magnífica lección sobre las ventajas que trae aparejadas la unidad gremial en las luchas sociales.
Nada hemos perdido ni nada queremos, a no ser su colaboración en el deber inexcusable de engrandecer la patria y refirmar la justicia, para que nadie, en esta tierra altiva y generosa, sufra la angustia de sentirse olvidado. ¡Nuestra inquietud es social y no política! Es constructiva y no disociadora. Está impregnada de fervor humano, de sentido de equidad, y no de ambiciones personales o de odios. La justicia que emane de las autoridades del trabajo ha de ser, ante todo, realista y humana. Los problemas candentes de cada hora no admiten dilaciones. Deben ser dilucidados sobre la marcha, dándoles la solución que merezcan, sin excepciones y sin privilegios.
No vamos a ofrecer una fórmula para cada caso. Por encima de los preceptos, de las costumbres y de las reglamentaciones, deben estar los altos principios de solidaridad humana y de colaboración social. Nuestra justicia es y será mas sensible que letrada, mas patriarcal que legalista; menos formulista y mas expeditiva. Hay que responder a la urgencia de cada situación, libres del peso de las interpretaciones y el precedentismo, y de cuando enerva el pronunciamiento de la justicia ordinaria. Nuestras decisiones no pueden sujetarse a la secuela agobiadora de los procedimientos tradicionales, porque correríamos el albur de llegar siempre tarde.
Los hombres encargados de hacer efectivos los preceptos fundamentales de esta nueva política, deben parecerse a los jueces bíblicos y sentir las solicitaciones que hicieran grande a Alfonso el Sabio. Esos hombres no nos faltarán. La revolución ja creado la mística del deber y ésta hará posible la elevación de espíritu y la comprensión humana indispensables para ello.
Estamos empeñados en la consecución d un fin social superior, alentados por centenares de miles de trabajadores argentinos que, como nosotros, creen en la necesidad de lograrlo y lo alcanzaremos. Hemos proclamado el derecho a mejores condiciones de vida y nada nos detendrá en la tarea de hacerlas posibles. Cerca de un millón de obreros de la ciudad y del campo, del pensamiento y del músculo, gozan ya de las mejoras a que me refiero.
La jubilación no puede ser un privilegio sino un derecho de todos los que trabajan, y al sostenimiento de ese seguro social deben concurrir al Estado, las empresas y el individuo, porque mientras las que florecen, el hombre, que entregó todas sus energías para que se engrandecieran, declina falto de una legislación previsora y humana. Esto es irritante y debe hallar su término. Por eso trabajo, para que los beneficios de que hoy disfrutan las enfermeras y maestras, se extiendan mañana a los periodistas, a los radiotelegrafistas, los empleados de comercio y todas las ramas de la fecunda actividad humana.
Legislamos para todos los argentinos; para el presente y para el futuro; para que convulsiones inevitables de post-guerra no conmuevas nuestra tierra de paz por no haber realizado los preceptos del derecho social, cuyo incumplimiento jamás podríamos justificar ante nuestras conciencias y ante la historia.
El panorama social del Córdoba no ofrece distingos con el resto de la tremenda realidad argentina. El mismo retardo en el cumplimiento de ese deber estatal; idénticas injusticias; igual irrespetuosidad patronal por las leyes obreras. Desde Oncativo, desde Río Cuarto. Deán Funes, Leones, Villa Dolores, Alta Gracia y muchos otros puntos de la provincia, han llegado denuncias reiteradas de violaciones a la legislación del trabajo, traduciéndose así en hechos concretos un estadote cosas al que vamos a poner término. La retribución de los asalariados agrícolas, forestales, pecuarios y salineros es generalmente baja y en muchos casos misérrima. Pero donde la realidad social cordobesa adquiere tintes trágicos, es en lo concerniente a la vivienda. He leído con asombro las cifras que arroja una encuesta del Ministerio de Hacienda de la Provincia, que nos da un coeficiente de hacinamiento irritante: sobre un total de quince mil familias censadas en la ciudad capital, hay un promedio de ocho personas por “rancho” de una sola pieza. Esto es demasiado doloroso para quien no puede reparar de un solo golpe la injusticia acumulada en muchos años de apatía, de indiferencia en incuria social inexcusables. Pero vamos a hacer con premura todo lo que esa situación nos impone.
El gobierno de la Revolución no formula promesas; anuncia realidades. Los hombres que lo integramos no llegamos al interior del país para despertar una esperanza que no será cumplida; venimos a imponernos de sus problemas para resolverlos. Hemos entrado en una era de realizaciones y avanzaremos por ella con creciente rapidez por el fervor que cada uno ponga en su tarea y por la adhesión creciente que esa actitud merezca en todos los sectores de la vida y el pensamiento nacional.
Hemos proclamado nuestra política social. La cumpliremos. Para probarlo estoy aquí esta tarde, rodeado de los trabajadores de Córdoba, como tanto quería hacerlo, y estoy aquí para afirmar que las leyes obreras se cumplirán inexorablemente, sin contemplaciones. Hasta ahora se ha realizado una labor informativa, especialmente, pero ya cerramos ese ciclo para iniciar otro, en el cual no quede un solo obrero o empleado sediento de justicia. Cuado deba hacerse para la justa retribución del trabajo, para que todos tengan sus horas de reposo y para que las licencias justas no resulten cercenadas, o para que ningún abuso sea cometido, pueden tener la seguridad que se hará.
Me complace ahora anunciar a los trabajadores del riel, que se ha logrado una nueva conquista social que les favorece en este sector de la República. Se ha conseguido de la Intervención que sea donado un terreno para construir aquí el Hospital Común Regional, que satisfará tantas y tan hondas necesidades. Allí tendrán los servicios que requieran los obreros ferroviarios, manifestándose así, prácticamente, nuestras preocupaciones por estos hombres tan meritorios, a los policlínicos para los ferroviarios y sus familias de Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca -motivos de mis mas hondos afanes- se agregará así el de esta ciudad.
Quiero agregar que he ordenado la urgente preparación del anteproyecto en el cual se invertirá alrededor de un millón de pesos en su construcción. Este instituto de los ferroviarios tendrá capacidad para cerca de ciento cincuenta camas. Así concretamos en hechos auspiciosas para la comunidad nuestra política social.
Esto es, trabajadores de Córdoba, cuanto puedo expresarles como pensamiento y repodad en este instante, ante esta magna asamblea, de la cual guardaré un grato recuerdo. En breve, posiblemente pueda anunciarles otros hechos. Serán la consecuencia de nuestras inquietudes, de la tarea sin pausa en que estamos empeñados, de nuestra voluntad inquebrantable de elaborar, en común, la mayor grandeza de la patria.
Para que esto sea posible, necesito contar con el concurso fervoroso y eficaz de todos vosotros. Os invito a esa acción constante, honrada e inteligente. No puede existir bajo el cielo de la Patria sino un ideal que a todos nos una y nos aliente a los más grandes hechos.
Es el ideal de la justicia, del bienestar y la solidaridad de todos los argentinos.
JUAN DOMINGO PERÓN

martes, 4 de diciembre de 2018

Hace 74 años Perón le hablaba a los compañeros empleados de comercio




DISCURSO DANDO A CONOCER EL DECRETO DE JUBILACIÓN DE LOS EMPLEADOS DE COMERCIO 
Juan Domingo Perón
 [4 de Diciembre de 1944]


Señores: He aquí un hecho más de los que algunos políticos argentinos han dado en llamar “nuestra demagogia”.
La previsión social en decretos como el que nos ocupa, estructura y elabora el futuro del país, en la más noble y desinteresada concepción de la solidaridad humana y nacional. Por eso se inspira en la necesidad orgánica de protección estatal a la vejez o la invalidez; se afirma en el sentimiento de justa recompensa al esfuerzo y trabajo individual y se nutre en el espíritu de cooperación y hermandad nacional que propugnamos. Por eso esto también es justicia, previsión y es cristiano amor al prójimo.
El Estado no puede ser testigo silencioso e inoperante en la angustia que primero al hombre, luego a su hogar y, finalmente, destruya la comunidad. Debe intervenir rápida, eficaz y enérgicamente, si quiere ser decisivo. Debe compenetrarse del dolor humano y buscar remedios apropiados para los males de la sociedad, cuyo destino rige. Ha de realizar una política de seguridad social y encauzarla por vías que vayan directamente a las necesidades propias de la actividad que la previsión ampara.
Negarlo obligaría a aceptar el recrudecimiento de estériles luchas sociales que agotan esfuerzos valiosos y envenenan los espíritus más serenos, perturbando con sus consecuencias, la paz social. La incomprensión recíproca al retardar soluciones, atrasa el progreso moral y material de la Nación, Por eso buscamos la unidad de los argentinos por medio de la mutua comprensión de justas necesidades y legítimos intereses.
Promulgamos un nuevo instrumento de amparo que completa la legislación jubilatoria y de retiro. Es un paso hacia la solución integral de los problemas de la seguridad social que el país y la época reclaman, Para alcanzar adecuadamente dichas soluciones se acaba de estructurar el Instituto Nacional de Previsión Social.
Los derechos fundamentales de la persona: vida, cultura espiritual y profesional, vivienda y salud, alimentación, educación física y vestido, deben ser alcanzados por todos los argentinos.
El Estado no puede permitir que la falta de recursos impida el logro pleno del destino humano. Por eso insistiremos en la necesidad de ponernos de acuerdo sobre lo esencial. Sobre lo que es inherente a nuestro destino histórico para proclamar que ha llegado la hora de establecer los puntos básicos que sean prenda de unión de todos los argentinos.
Es probable que quienes no tengan suficientemente encarnados estos sentimientos, puedan disentir con las disposiciones presentadas pero, en las soluciones de conjunto, juegan más las necesidades de la comunidad que el egoísmo efímero de unos o la imprevisión circunstancial de los otros.
Algunos pensarán que la jubilación de los empleados de comercio puede incidir desfavorablemente en lo que se ha dado en llamar “nuestra inflación”, que yo califico como el cumplimiento de un deber de gobierno de poner al día sueldos y salarios que estaban en permanente retardo de acuerdo con las necesidades vitales de una gran masa de trabajadores del país.
El sueldo mínimo y el salario vital, deben ser determinados por lo que los ingleses llaman “línea de la vida”. Esta consiste en el equilibrio del sueldo o jornal con las necesidades mínimas de la subsistencia en condiciones dignas.
Los que se encuentran debajo de esa línea son los “sumergidos”, que deben compensar la falta de salario vital, con privaciones y penurias que, en último análisis, inciden sobre la salud física o espiritual.
Los que se encuentran sobre esa línea de la vida, son los “emergidos”, a quienes la fortuna ha favorecido y que, en muchos casos, dilapidan el exceso de su haber para satisfacer otros excesos.
La tarea de gobierno en la política social, debe tender a que nadie, o por lo menos el menor número de hombres de trabajo, se encuentren en la condición de “sumergidos”.
El standard está representado casualmente por esa línea de la vida. Cuando se habla, en consecuencia, de “standard de vida”, no se trata en caso alguno, de hombres que están por debajo de un salario vital. Es elemental obligación del Estado moderno el propugnar por todos los medios la existencia de un standard de vida adecuado para todos los habitantes, el que estará en razón directa con la economía nacional, el trabajo individual y la organización adecuada del país que permita llegar a la más perfecta coordinación y equilibrio económico social.
Es incuestionablemente cierto que el mejoramiento de las masas trabajadoras, necesita de toda una potente economía que lo respalde. De ello se infiere la necesidad de un permanente coordinamiento integral de las fuerzas económicas y la conveniencia de establecer en estrecha coordinación los planes necesarios para evitar el debilitamiento económico o el desequilibrio social.
Es también necesario aceptar como innegable que cuando los precios suben en el mercado interno, ello obedece a dos causas determinantes: a la inflación natural (por aumento de los costos de producción, circulación o comercialización) o simplemente a la especulación.
Si el precio sube como consecuencia de la inflación natural, no queda otro remedio social que aumentar los sueldos y salarios para compensar, impidiendo que una gran masa quede en condición de “sumergidos”.
Si el precio sube como consecuencia de la especulación, es menester bajar el precio.
Cuando iniciamos la tarea de reivindicar socialmente a los trabajadores e instaurar una verdadera política social, destinada a dignificar el trabajo humanizar el capital y asegurar una más justa y equitativa retribución al trabajo, analizamos en primer término la situación económica.
Nos encontrarnos entonces con una inflación ya insinuada en casi todos los artículos de producción nacional y en muchos de los de primera necesidad. Influía, también, grandemente en ello, la exportación que durante el tiempo de guerra había aumentado considerablemente, influenciando los precios del mercado interno.
Era necesario: o aumentar los sueldos y salarios o disminuir drásticamente los precios a su nivel de preguerra, ya que no podía justificarse sino en una mínima parte un aumento por las consecuencias directas o indirectas del estado le guerra en Europa.
Es indudable que convenía meditar bien el asunto. Después de mucha reflexión y profundo análisis general, sólo general, porque se carecía de estadística exacta que permitiera cálculos de costo de producción, etcétera, nos decidimos, por un aumento general de sueldos y jornales, aceptando el riesgo de provocar cierta apariencia momentánea de inflación, por razones morales de la población y en compensación a la larga explotación sufrida por una gran parte de la masa laboriosa. Sin embargo, pensé que una vez aumentados los salarios y sueldos, podríamos bajar los precios a su nivel.
Para detener, esa inflación artificial de precios, ya en ese momento se fijaron por decreto los precios máximos a los artículos de primera necesidad de alimentación y vestuario. El corolario de esto debe ser una baja sistemática que hoy se ha iniciado.
La inflación de que se habla no es tal inflación porque los sueldos y los salarios eran extraordinariamente bajos en comparación con los beneficios patronales y sólo por excepción habíanse fijado de acuerdo a las condiciones mínimas de vida; porque la rebaja de precios ha de producirse ya que no tienen justificación; porque la inflación general ha sido momentánea y poco a poco volverá al estado natural.
Existe una absoluta relación entre la economía interna y la política y la realidad internacional. De ello surge la necesidad de poner en coincidencia las necesidades y posibilidades de ambos campos. Es menester aprovechar al máximo el poder de los intereses económicos paralelos y tratar de neutralizar las corrientes de los intereses contrapuestos o negativos.
Por eso el problema es primero de coordinación de lo interno con lo externo y luego de organización de la riqueza.
Es indudable que terminada la guerra, nuestra industria y nuestro comercio, sufrirán una aguda crisis, como consecuencia de no poder mantener la actual exportación. Tal vez la producción agropecuaria también sufra las consecuencias de lo mismo.
Hoy el país produce casi el doble de lo que consume. La producción, la industria y el comercio, viven una prosperidad artificial como consecuencia de una exportación anormal. Terminada la guerra, deberán volver a su cauce natural, y de ello se infiere que un mayor o menor grado de paralización, con su consecuencia la desocupación, se producirá no sólo en la industria sino también en menor escala, en la producción y el comercio.
El aumento general de sueldos y jornales comenzará entonces a actuar con el aumento del consumo interno, como regulador de este desequilibrio.
Los productores, industriales y comerciantes que durante la guerra han logrado excepcionales beneficios, deberán comenzar a pensar que deben conformarse con ganancias más normales y apropiadas. A ello se unirá que el aumento de consumo por las mejoras de sueldos y salarios, permitirá compensar en algo la falta de exportación.
Una mejor regulación, racionalización, y organización económica llevará al equilibrio sin peligrosos saltos en forma de mantener la tranquilidad y suavidad de las formas, actuando sobre la exportación y consumo en relación con la producción, industria y comercialización general.
Es menester que una acción planificada y altamente racional sea capaz de crear verdaderas medidas trascendentales, que sean capaces de actuar como “elásticos y amortiguadores” para evitar los fuertes “barquinazos” de la inflación y de la deflación. .
La industria puede resistir bien cualquier peligro cuando se trata de industrias naturalmente desarrolladas y cimentadas. Las protegidas por razones justas, resistirán también con el apoyo del Estado. Las ocasionales o ficticias podrán morir o desaparecer sin grave riesgo de perturbar la economía general. Será necesario prever todo ello, para amortiguar los efectos.
El aumento de consumo, permitirá en gran parte defenderse a muchas industrias, si los industriales se conforman con ganancias normales aun pueden resistir pequeñas pérdidas ocasionales hasta que el mercado se estabilice.
El comercio seguirá las fluctuaciones por reflejo. El externo está gravemente amenazado en lo que se refiere a productos industriales; no así en lo que se refiere a los agropecuarios.
El comercio interno no ha de variar mayormente salvo el aumento que, pueda influenciar un mayor consumo y el abaratamiento por un aumento.' natural en la oferta, de lo que no pueda o no deba exportarse.
En cambio, a largo plazo, si no sobrevienen cuestiones internacionales extraordinarias, es de esperarse una tonificación comercial en lo externo y en lo interno.
La producción noble, como que representa la verdadera riqueza, será sin duda la que ha de cuidarse especialmente.
La ganadería, de gran prosperidad actual, tiene asegurada la colocación de sus saldos exportables. Con ello su situación no cambiará en forma decisiva en el quinquenio de posguerra.
La agricultura, en cambio, ha sufrido y seguirá sufriendo especialmente, si la industria plástica no comienza a insumir gran parte de la producción agrícola.
Es menester pensar en que el Estado ha de empeñarse a fondo para salvar el agro y estabilizar la vida y producción a más de medio millón de productores y sus familias.
Ello entraña un problema de fondo, sin cuya solución no podrá seguirse sosteniendo el orgullo de ser el “granero del mundo”.
El problema de la tierra debe ser encarado en serio, pues la ley 12.636 es una irrisión y un escarnio más del pobre chacarero. El problema argentino esta en la tierra: “Dad al chacarero una roca en propiedad y él os devolverá un jardín; dad al chacarero un jardín en arrendamiento y él os devolverá una roca”.
La tierra no debe ser un bien de renta sino un instrumento de producción y de trabajo.
La tierra debe ser del que la trabaja y no del que vive consumiendo sin producir a expensas del que la labora.
Nuestras perspectivas no son tan negras como algunos quieren hacer creer.
Hoy la Argentina es el paraíso del mundo, y lo seguirá siendo si estamos unidos, nos despojamos del egoísmo y nos convencemos de una buena vez de que la felicidad no depende tanto de poseer gran riqueza, como de no ambicionar lo innecesario.
Dentro de nuestras posibilidades actuales, la ley de jubilación de los empleados de comercio no puede producir sino bien por ser la imposición justa y equitativa de un imperativo de justicia social.
Defiendan ustedes mismos esta conquista contra los que tratarán de impugnarla y el tiempo les dirá de la razón de éstas mis palabras.
El porvenir de la patria, dependerá de la seguridad social de sus habitantes. Para ello crearemos los medios protectores de la masa trabajadora argentina. Esta acción nuestra será combatida. Pero advierto que a esa resistencia opondremos la energía capaz de extinguirla.
Vosotros, los trabajadores manuales e intelectuales del comercio, actividades afines y civiles, tenéis ya vuestro régimen de previsión social. Se trata de un derecho conquistado con esfuerzo. Espero que lo defendáis con amor y tenacidad
JUAN DOMINGO PERÓN

domingo, 8 de abril de 2018

Hace 44 años Perón hablaba en el Teatro Nacional Cervantes




DISCURSO DE CLAUSURA DE LA SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL DE ENTIDADES EMPRESARIAS CELEBRADA EN EL TEATRO NACIONAL CERVANTES 

Señoras y señores: hace treinta años, buscando la base filosófica de una doctrina que nos permitiera lanzar hacia el destino la esperanza de alcanzar un bienestar para nuestro pueblo y la grandeza para nuestra nación, nosotros afirmamos la necesidad de llegar a una Comunidad Organizada. Siempre he pensado que sólo una comunidad organizada puede llevar al país a un destino floreciente y, en consecuencia, aumentar el grado de felicidad de los que la componen.
En una comunidad que no se realiza, nadie puede tener la esperanza de realizarse. Es preciso que esa comunidad organizada ponga sus fuerzas en el sentido de alcanzar su destino para que todos lo puedan, justamente, seguir y utilizar.
Señores: vivimos en un mundo que cada día nos está demostrando que vienen circunstancias totalmente nuevas en el futuro inmediato. Hace treinta años dijimos esto. Hoy la comunidad cuenta con una organización empresarial que entonces estaba dispersa; contaba también con una masa sindical tan dispersa o tan anárquica como la organización empresarial.
Han pasado treinta años y el Estado -que al fin y al cabo es siempre un instrumento que obedece a los factores de poder que influyen en el campo de nuestra economía, en cuyo primer plano, indudablemente, están los empresarios y trabajadores pueden descansar tranquilos en la responsabilidad de una organización que está demostrando al país todo el tino y toda la acción que necesita nuestro país en plena pacificación y reconstrucción.
Señores: yo no he querido dejar de llegar hasta esta reunión para traerles a todos los empresarios argentinos, en nombre del gobierno, su agradecimiento y su felicitación por los objetivos que van siendo alcanzados. No solo resultamos así un modelo para Latinoamérica; lo somos también para otras partes orgullosas de su destino tecnológico, que no han hecho sino destruir los grandes recursos ecológicos que nos permitirán subsistir en el futuro.
Nosotros, señores, confiamos en que nuestro desarrollo tecnológico sea lo suficientemente prudente como para no ensayan los mismos males cuyas consecuencias estamos viendo sufrir en los países superdesarrollados. El mundo que viene, es un mundo nuevo, y en ese mundo nuevo podrán vivir solamente los hombres que tengan la suficiente sensatez para darse cuenta de que todos somos hermanos y que todos debemos luchar por el destino común, sin lo cual podríamos sucumbir todos.
No hace mucho conversaba yo con un señor participante en la última conferencia de defensa de los medios naturales celebrada en Estocolmo. Le pregunté qué había sacado de nuevo y me dijo dos cosas muy importantes: “Allá no se habló ya de los países, se habló de la Tierra”. Y también, “que después de una larga discusión me di cuenta de lo tontos que han sido los hombres, que durante siglos se han matado a millones por defender una frontera que sólo estaba en su imaginación”.
Señores: cuando se llega a estas conclusiones es que ya tenemos, por lo menos, la mitad del pie puesto en un universalismo que viene fatalmente y a corto plazo.
Hablábamos de la comunidad organizada ya hace treinta años. Comencemos a hablar de esto, que ni siquiera va a tardar treinta años en llegar.
Es preciso, señores, que nuestras comunidades se persuadan de la necesidad de acceder un poco a una cultura histórica suficiente que nos permita tener una visión cósmica de la vida, sin la cual el futura no se podrá vivir. Los hombres son sólo accidentes en la tremenda evolución de todos los tiempos. Esa evolución la fija el destino, no los hombres, pues ella obedece a un determinismo histórico.
Los hombres creamos sistemas para poder cabalgar con mayor comodidad en esa tremenda evolución a que nos llevan los tiempos.
Señores: estamos ya convencidos de la necesidad del universalismo. Vivimos un continentalismo que es pasajero, porque hoy las evoluciones tienen una rapidez tremenda. En el medievo llevó cinco siglos cambiar el sistema; en la etapa de las nacionalidades dos siglos, y en esta oportunidad serán pocos los años que nos separen del universalismo. Es para eso que debemos preparar nuestra economía para poder resistir a las acechanzas y peligros que un universalismo organizado por los poderosos puede arrojar sobre nosotros.
Siempre, señores, he pensado que los argentinos tenemos una gran responsabilidad por nuestro país, y también otra gran responsabilidad por Latinoamérica. Lo que hagamos nosotros para ser cada día más ricos, más fuertes, más unidos y solidarios, servirá también a la causa continental que será el primer problema que hemos de compulsar antes de terminar esta etapa de continentalismo que arrastra nuestra evolución.
Señores, no queremos una Argentina potencia para luchar contra nadie, queremos una Argentina potencia para defendernos de todos. Nuestra política está fijada con una claridad y elocuencia absoluta. Queremos ser amigos de todo el mundo; no queremos tener enemigos, porque creemos sinceramente que los problemas del mundo se van a arreglar a través de la amistad, no del odio ni de la lucha.
Y si pensamos que eso es en el orden internacional, cómo no habremos de pensar que en el orden interno es mucho más necesario que sean todos amigos.
El Pacto Social, que ha dado origen a esta política de amistad y solidaridad nacional, indudablemente lo debemos en su mayor parte a la acción esclarecida de la Confederación General Económica, a la que hoy quiero rendirle el más cumplido homenaje que merece y que se ha ganado con su acción tesonera y patriótica.
Señores, por ahí hacen correr todos esos rumores de que se cambia el equipo económico. Por eso quiero afirmar aquí que mientras yo esté en el Gobierno el orden económico no lo cambiaré por nada.
Nosotros, por otra parte, no tememos a la distorsión porque nunca la falsedad podrá imponerse sobre la verdad; no necesitamos hacer propaganda. Nuestra propaganda está en los hechos que realizamos todos los días. Por eso no nos interesa que los medios masivos de comunicación trabajen contra nuestra concepción y contra nuestra acción de gobierno. Al final los argentinos sabrán la verdad por ellos mismos. En este sentido no hemos querido forzar ninguna de esas circunstancias. También nosotros podríamos disponer de todos los medios de comunicación masivos y aun dominarlos a través de muchas triquiñuelas que conocemos perfectamente. No hemos querido hacerlo porque no lo necesitamos; nos basta con la realidad que ustedes están concretando.
Finalmente, señores, tengo el inmenso placer de haberlos visitado en esta casa y traerles la palabra del Gobierno que, con simpleza y sinceridad, he querido poner en evidencia en esta tarde.
Pueden pensar y transmitirles a los señores empresarios del país que el pueblo argentino, que es el destinatario de todos los esfuerzos y aun sacrificios que realiza, está agradecido y conoce esta verdad. Ellos serán en el futuro los mejores testigos de la ecuanimidad y justicia con que ustedes han manejado la economía. Por lo menos, desde que yo tengo memoria, nadie lo ha hecho mejor.
Realmente, señores, muchas gracias por este momento agradable que he tenido en esta casa y les ruego que lleven al saludo del Gobierno a todos los compañeros empresarios del interior del país, con este, nuestro saludo y nuestro agradecimiento.
JUAN DOMINGO PERÓN

jueves, 12 de octubre de 2017

A 44 años del discurso, de la tercera asunción, del Teniente General Juan Perón.



Con estas palabras, el Señor Presidente
de la Nación, Teniente General Juan D.
Perón, reinició el diálogo con su pueblo
desde los balcones de la Casa de Gobierno,
después de 18 años.
El anterior discurso del Teniente General
Perón frente a la multitud reunida en la
Plcaa de Mayo, había sido pronunciado
el 31 de agosto de 1955.

Compañeros: hay circunstancias en la vida de los hombres
en las cuales uno se siente muy vecino a la Providencia.
Para mí, esas circunstancias se presentan cuando tengo la inmensa
satisfacción de contemplar al pueblo. Y a esta inmensa
satisfacción va unida la tremenda responsabilidad que representa
el servir digna y lealmente a ese pueblo.
Por ello, para mí la presente circunstancia en que estoy
frente a ese pueblo, que siento tan profundamente en mi corazón,
es un acicate para dedicarle hasta el último. aliento para
servirle, y pedirle que me ayude; para pedirle a ese pueblo que
me ayude a defender esa responsabilidad manteniéndose en
paz, unido y solidario, cumpliendo cada argentino la misión
que recibirá para la grandeza de la Patria y la felicidad del
pueblo.
Si yo hubiera pensado solamente en mi capacidad de
realización, no habría aceptado esta responsabilidad. Pero
cuento con lo que el pueblo argentino ha de poder realizar en
esta Patria que todo lo merece, y por la cual cada uno de nosotros
está obligado ante . el destino a trabajar, precisamente,
día y noche, para resolver los problemas generales.
Es precisamente esa profunda fe que tengo en el pueblo
de la Patria la que me ha impulsado a aceptar la responsabilidad
de conducir al país. Y en ello espero que todos los argentinos,
de cualquier matiz político que sean, comprendan que
en la paz que podamos mantener y en el trabajo fecundo que
debemos realizar, está precisamente ese destino que tenemos
la obligación de defender.

Por eso a todos los argentinos, y especialmente a los pe~
ronistas, les exhorto a que pongamos desde mañana mismo toda
nuestra actividad al servicio de la reconstrucción de nuestra
Patria, para que desaparezcan las necesidades primarias que to~
davía pueden observarse a lo largo y a lo ancho de ella.
Cada uno de nosotros tendremos en el futuro un trozo
de responsabilidad si esas tareas no se realizan. Y o y el Gobier~
no hemos de poner todo nuestro empeño, pero necesitamos
que el pueblo argentino ponga el suyo, porque nadie hoy puede
gobernar el mundo sin el concurso organizado de los pueblos.
Compañeros: finalmente quiero dedicar algunas palabras
a nuestra juventud.
A esa juventud, que es nuestra esperanza, quiero que le
llegue nuestro más profundo cariño, junto con la exhortación
más sii1cera de que trabaje y se capacite. Porque los jóvenes
serán los artífices del destino con que soñamos. A ellos hemos
de entregarles nuestras banderas, convencidos de que por sus
valores morales han de llevarlas al triunfo para la grandeza de
la Patria y la felicidad de nuestro pueblo.
Finalmente, quiero decirles que durante este gobierno que
hoy se inaugura, y siguiendo la vieja costumbre peronista, los
días primero de mayo de cada año he de presentarme en este
mismo lugar para preguntftrle al pueblo aquí reunido si está
conforme con el gobierno que realizamos.
Les agradezco a todos los compañeros que han venido
hasta esta plaza, histórica para nosotros, a ofrecerme la inmen~
sa satisfacción de su presencia. Pueden estar persuadidos de
que para mí no existe una satisfacción y una gloria mayor que
contemplar la cara de este pueblo que es lo único que labra
la grandeza de la Patria.
Y ahora, como ha sido siempre usual en nuestros tiempos, les pido a todos una desconcentración tranquila y en orden,
llevando el recuerdo de un primer acto en esta plaza, que será
el comienzo de muchos otros en los que tendré la mmensa
satisfacción de tomar contacto efectivo con el pueblo.

viernes, 26 de mayo de 2017

La eterna sabiduría de Juan Perón




"Nuestro interés permanente, nuestra preocupación constante, han de ser las de mantener ese estado de salud y robustez peronista, para lo cual se impone la unidad y solidaridad más firmes. Cuando un dirigente aspira a un cargo o a una función, su ambición será justa y sana si dedica su tiempo a luchar para imponer su capacidad y sus virtudes; pero será baja y despreciable cuando lo hace mediante el desprestigio -justificado o no- del que desea desplazar.
Esta última ha sido la escuela gorila, que empeñada en calumniar al peronismo abandonó el país en manos de los ladrones internos y externos que terminaron por saquearlo y llevarlo paulatinamente al desastre.
Es menester elegir dirigentes responsables y capaces para la conducción táctica del Movimiento, y luego tener fe y confianza en ellos, porque de lo contrario no hay conducción posible. Ellos pueden fallar, sea por error, por falta de virtudes, o por traición. El error es perdonable, la falta de virtudes es condenable, pero la traición debe ser imperdonable.
La fidelidad a los principios y la lealtad al Movimiento son las condiciones básicas de un dirigente, pero la lealtad ha de ser mutua, y así como la masa debe ser leal a sus dirigentes, éstas tienen la ineludible obligación dé ser leales a la masa.
El Movimiento que elegirá a sus propios dirigentes no pocas veces se equivocará. Pero nada se consigue con la difamación del dirigente que fracasa. Hay que reemplazarlo convenientemente, y ningún dirigente que no sea un insensato resistirá por la fuerza o por la astucia abandonar su cargo, porque esta resistencia indicará, tanto su falta de delicadeza como su ineptitud, hasta en la apreciación de sus reales méritos.
La facultad de poner y sacar dirigentes, cómo y cuándo sea necesario, es una facultad inalienable del Movimiento peronista. La disciplina peronista ha de ser de fondo y no de forma. Interesa que cada peronista cumpla con su función y misión de manera fiel e inteligente. No interesa la forma, porque vale más ser que parecer.
Pero la disciplina tiene también sus límites, porque cuando se transforma en servilismo deja de ser una virtud para transformarse en una indignidad. La disciplina solo vale en los hombres libres."
Gral. Juan Domingo Perón.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Hace 48 años Perón le escribía esta carta al General López





Carta al Gral. Adolfo C. López Madrid, 24 de mayo de 1969


Mi estimado General

Por mano del amigo Osvaldo Morales he recibido su carta del 15 próximo pasado que tengo el placer de contestarle. Me encanta leer su propósito de ofrecer su contribución a la solución de los problemas del país porque pienso que los argentinos desde hace trece años, han hecho muy poco por lograr tan importante objetivo porque es preciso que todos nos persuadamos de la necesidad impostergable de poner el hombro, ante la amenaza que pesa sobre los destinos de la nacionalidad.

Leo en su carta la situación imperante, que el amigo Morales me completa en otras informaciones, y llego a la conclusión que los militares están casi en las mismas que los dirigentes políticos: Cada uno por su lado piensa hacer algo, sin percatarse que mientras no se consiga una unidad de propósitos y de acción, poco será lo que se logre hacer efectivamente, por que Onganía sobrevive, precisamente, como consecuencia de la disociación reinante entre todos los que desean remplazarlo.

La dictadura militar ha podido ser posible (en cumplimiento del plan pentágono) porque las fuerzas cívicas enfrentadas se atomizaron para provocar el caos indispensable para que las FFAA las remplazaran. Al no comprender este problema tampoco pueden apreciar las posibles soluciones. De ahí la insistencia en dividirse y disociarse que caracteriza una política suicida, cuando la única solución esta precisamente en lo contrario: UNIRSE Y ORGANIZARSE.

No se me escapa el designio de la dictadura militar de procurarse un apoyo popular mediante diversos arbitrios, pero tampoco se me escapan las dificultades que se han de oponer a que lo logre porque soplar no es hacer botellas. Una dictadura militar del tipo de la actual puede soñar con cualquier cosa menos con que pueda contar algún día con el apoyo popular que se note. Aparte de ello ya, ni aun cuando cambiara su política económica y social ( que no puede hacer ) lograría convencer a nadie para que la apoyaran en el campo político, desde que tienen todas sus fuerzas actuales en contra en ese campo.

Ni la salida a la brasileña, la reedición de la Unión Democrática, una dictadura militar tiránica, podrían durar mucho tiempo en estos tiempos, con poco que se hiciera por destruirlas. El destino de cada una de ellas no seria distintos del que espera al propio gobierno de Onganía. Ya lo dijo Tayllerent: Las bayonetas sirven para todo menos para sentarse en ellas.

La unión de dirigentes políticos no se realiza simplemente por falta de grandeza y desprendimiento de su parte. Parecería que aun es preciso que la desgracia siga azotándolos para que entren en razón o que la supresión biológica cumpla su destino con el tiempo haciéndolos desaparecer.

El amigo Morales ha conversado largamente con migo sobre los diversos aspectos de nuestros problemas y lleva un memorandun con mis puntos de vista. El podrá, de viva vos informarle sobre mi mejor disposición para entendimientos que se inspiren en la necesidad insoslayable de oponer un frente de unidad a la acción que, con unidad de concepción y de acción, pueda realizar la actual dictadura militar. Creo que ese es el comienzo del camino que se debe seguir y no habrá nada que yo no haga, dentro de mis posibilidades porque tales propósitos se logren.

Morales le explicara en detalle cuanto hemos tratado, por lo que creo innecesario abundar en explicaciones, que por otra parte coinciden con cuanto usted me dice en su carta. Si lo importante es contar con mi apoyo a las ideas por usted expuestas, desde ya puede contar con el.

Un cordial y afectuoso saludo.