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viernes, 2 de febrero de 2024

Hace 54 años Perón le escribía estas líneas al Doctor Manuel Anchorena.

 



Carta a Dr. Manuel Anchorena 2 de febrero de 1970 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 2 de febrero de 1970.


Dr. Manuel de Anchorena Buenos Aires - República Argentina


Mi compatriota y amigo:


Le agradezco el envío de las publicaciones sobre la "Campaña Pro Repatriación de los restos del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas" y para la solidificación de las bases de nuestra liberación nacional. Ambas cosas deben merecer la preocupación patriótica de los argentinos, porque para asegurar el destino es tan importante defender su futuro como hacer justicia a su pasado.


Don Juan Manuel, no sólo ha tenido la gloria de su grandeza, sino que también ha merecido el honor que le han rendido la infamia y la calumnia de los hombres pequeños. La calumnia, la diatriba y el insulto son siempre homenajes que se rinden a un mérito, a una virtud o a un valor. Pocos han sido más indecentemente calumniados: ello sería ya mérito suficiente como para considerarlo sin más entre los grandes.


Estas son causas cuya defensa no moviliza intereses sino honestidades. Defender al ausente frente a la insidiosa maquinación de la calumnia orquestada por el odio y la pasión subalternos, es una obligación natural de toda persona honrada y, cuanto tal defensa pertenece a la Historia, es una imposición de la propia conciencia de los hombres y de los pueblos.


Desde niño ha repugnado a mi espíritu cuanto se ha escrito sobre Rosas en las "historias" fabricadas por los escribas de la ignominia y el rencor. Hace muchos años, en oportunidad de realizar investigaciones históricas en el Archivo General de la Nación, se me ocurrió echar una ojeada a los archivos documentales de la época de la Santa Federación y me fue dado comprobar que la documentación existente me era totalmente desconocida y yacía bajo una capa de polvo que evidenciaba lo poco que había sido consultada hasta entonces. Esa "historia" había sido escrita' "de oído", como la música barata, por historiadores de ocasión y por encargo. Ha sido necesario esperar la acción de los revisionistas históricos para conocer una realidad oculta bajo la oscuridad nefasta de la mentira.


Nadie, como los que han sufrido el azote de la infamante falsedad de los perversos y la triste incomprensión de los demás, puede juzgar con objetiva ecuanimidad esta clase de delitos contra la verdad y el honor, que suelen azotar sin piedad a los que honradamente trataron de hacer algo efectivo por la libertad y la grandeza de su Patria y la felicidad de su Pueblo.


En la lucha por la liberación, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas merece ser el arquetipo que nos inspire y que nos guíe, porque a lo largo de más de un siglo y medio de colonialismo vergonzante, ha sido uno de los pocos que supieron defender honradamente la soberanía nacional en que se debe asentar la decencia de una Patria y, no en vano San Martín, que había luchado por esa misma liberación, desde el exilio, al que lo habían condenado los enemigos de afuera y de adentro, le hizo llegar su espada y su encomio, que era como arrimarle un poco de su gloria de soldado y de su alma de ciudadano excepcional.


Por eso, querido compatriota y amigo, no sólo me siento atraído por lo que Ustedes están haciendo sino que, desde lo más profundo de mis sentimientos de soldado y de argentino les hago llegar mi más absoluta solidaridad y enhorabuena.


Firmado: Juan Domingo Perón.


martes, 25 de junio de 2019

A 59 años de esta carta de Perón al compañero Carlos Alberto Voss




Carta al Dr. Carlos Alberto Voss 25 de junio de 1960.

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 25 de junio de 1960.

Al Dr. Carlos Alberto Voss

Buenos Aires

Mi querido amigo:

Con gran interés he leído la apreciación de situación que ha tenido la bondad de enviarme por intermedio del compañero don Alberto Manuel Campos, siéndome muy grato manifestarle que coincido totalmente con sus atinados juicios. Por la fineza que significa hacerme conocer su fundamentada opinión sobre problemas que hacen al destino de la Nación, y por el valor de la misma quedo profundamente agradecido.

No sé si por ignorancia, o por mala fe, y quizás por ambas cosas a la vez, muchos "filósofos" de la acción política están observando la realidad argentina por el ojo de la cerradura, de tal manera que sólo ven un lado de las cosas, y éste es siempre el que más conviene a su sectarismo o a sus mezquinos intereses. Creo que en esta hora dramática es un deber patriótico hacer un análisis amplio y profundo de la situación en que se encuentra la Patria, presa de sus más contumaces enemigos.

Ya parece intolerable que alguien pretenda enjuiciar la realidad argentina como un hecho absolutamente local, como si el conflicto dentro del cual nos debatimos, surgiera de un capri­cho de Frondizi o del Movimiento. Este no es un problema planteado entre personajes más o menos siniestros y más o me­nos pundunorosos. Son dos concepciones de la vida en pugna violenta; son dos ideologías excluyentes una de la otra; son dos sistemas, uno de los cuales prevalecerá sobre el otro con todos los atributos del vencedor por exterminio. Al menos, el vencido desaparecerá como factor de decisión en el destino del mundo. Así ha ocurrido siempre: no pudieron convivir en ple­nitud de poder y de esperanzas Grecia y Persia, ni Cártago y Roma. Creo que el conflicto es hoy mucho más serio que ayer, porque ponen en juego formas de civilización, algo tan consustanciado con la esencialidad del hombre como la mente y el espíritu.

La Argentina es sólo un episodio de la gran tragedia inter­nacional, y entre lejanas bambalinas hay sorprendentes titiri­teros manejando las espadas, el dinero, los cañones, las agencias noticiosas y los diarios que se empeñan en forjar una realidad de ficción para ganar incautos, en tanto hay una realidad auténtica, que sigue adelante, a pesar de todo; unas veces por­que acompaña al acontecer histórico, y otras porque se la impo­ne por la extorsión y la violencia, esté de acuerdo o no con la evolución social. Lo que es seguro es el triunfo de aquél que siga en su pensamiento y en su acción el quehacer de la historia.

En esta situación se encuentra el Movimiento que se apoya en el ser nacional interpretando sus legítimas aspiraciones, adecua­das a la realidad argentina y americana, armónicamente ubicado en el desarrollo del mundo.

En nuestro caso, queremos ser argentinos, fieles a nosotros mismos, liberados de toda dependencia material o espiritual que pretenda deformar la autenticidad de nuestro ser. Sabemos que nosotros no podremos resolver la crisis mundial para impo­ner nuestras decisiones, y que la solución será dada por otros, más poderosos. De nuestro error surgirá nuestra perdición como Pueblo y como Nación, así como del acierto de no embanderar­nos con quien será vencido dependerá que sobrevivamos con el máximo de dignidad posible, conservando las posesiones distin­tivas de la República y de la nacionalidad.

El pretender esta liberación actual, y el logro de firmes ga­rantías para el futuro, en igual sentido, significó que se nos derribara del Poder, que el Pueblo compartía como única posi­bilidad de que fuera artífice de su destino y del país. Una fuer­za agresiva aferrada a fantasmas del pasado caduco se ha ense­ñoreado de la Argentina, con todos los flagelos que supone un ejército de ocupación, que ha resucitado de los escombros de la derrota que nosotros le infligimos, y que, presa del terror de saber que nos recuperaremos, trata de confundirnos con sus mentiras o de amilanarnos con su desesperada persecución.

Quisiera escribirle muy largo, pero casi es innecesario por la absoluta coincidencia de opiniones sobre este denso asunto. Conservaré su informe, por el cual lo felicito muy de veras, y me sería muy grato recibir en adelante sus juiciosas opiniones. Con su ponderación, su sagacidad y su patriotismo y la valiosa documentación que posee, puede Usted ser muy útil a la causa de la Patria difundiendo comentarios tan trascendentes e inte­resantes como los que he tenido el placer de leer en "Azul y Blanco", valiente periódico éste, que ha hecho de la causa na­cional su verdadera razón de ser.

Con mis felicitaciones y mi agradecimiento, le hago llegar todo mi afecto en un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Hace 48 años Perón le escribía esta carta al General López





Carta al Gral. Adolfo C. López Madrid, 24 de mayo de 1969


Mi estimado General

Por mano del amigo Osvaldo Morales he recibido su carta del 15 próximo pasado que tengo el placer de contestarle. Me encanta leer su propósito de ofrecer su contribución a la solución de los problemas del país porque pienso que los argentinos desde hace trece años, han hecho muy poco por lograr tan importante objetivo porque es preciso que todos nos persuadamos de la necesidad impostergable de poner el hombro, ante la amenaza que pesa sobre los destinos de la nacionalidad.

Leo en su carta la situación imperante, que el amigo Morales me completa en otras informaciones, y llego a la conclusión que los militares están casi en las mismas que los dirigentes políticos: Cada uno por su lado piensa hacer algo, sin percatarse que mientras no se consiga una unidad de propósitos y de acción, poco será lo que se logre hacer efectivamente, por que Onganía sobrevive, precisamente, como consecuencia de la disociación reinante entre todos los que desean remplazarlo.

La dictadura militar ha podido ser posible (en cumplimiento del plan pentágono) porque las fuerzas cívicas enfrentadas se atomizaron para provocar el caos indispensable para que las FFAA las remplazaran. Al no comprender este problema tampoco pueden apreciar las posibles soluciones. De ahí la insistencia en dividirse y disociarse que caracteriza una política suicida, cuando la única solución esta precisamente en lo contrario: UNIRSE Y ORGANIZARSE.

No se me escapa el designio de la dictadura militar de procurarse un apoyo popular mediante diversos arbitrios, pero tampoco se me escapan las dificultades que se han de oponer a que lo logre porque soplar no es hacer botellas. Una dictadura militar del tipo de la actual puede soñar con cualquier cosa menos con que pueda contar algún día con el apoyo popular que se note. Aparte de ello ya, ni aun cuando cambiara su política económica y social ( que no puede hacer ) lograría convencer a nadie para que la apoyaran en el campo político, desde que tienen todas sus fuerzas actuales en contra en ese campo.

Ni la salida a la brasileña, la reedición de la Unión Democrática, una dictadura militar tiránica, podrían durar mucho tiempo en estos tiempos, con poco que se hiciera por destruirlas. El destino de cada una de ellas no seria distintos del que espera al propio gobierno de Onganía. Ya lo dijo Tayllerent: Las bayonetas sirven para todo menos para sentarse en ellas.

La unión de dirigentes políticos no se realiza simplemente por falta de grandeza y desprendimiento de su parte. Parecería que aun es preciso que la desgracia siga azotándolos para que entren en razón o que la supresión biológica cumpla su destino con el tiempo haciéndolos desaparecer.

El amigo Morales ha conversado largamente con migo sobre los diversos aspectos de nuestros problemas y lleva un memorandun con mis puntos de vista. El podrá, de viva vos informarle sobre mi mejor disposición para entendimientos que se inspiren en la necesidad insoslayable de oponer un frente de unidad a la acción que, con unidad de concepción y de acción, pueda realizar la actual dictadura militar. Creo que ese es el comienzo del camino que se debe seguir y no habrá nada que yo no haga, dentro de mis posibilidades porque tales propósitos se logren.

Morales le explicara en detalle cuanto hemos tratado, por lo que creo innecesario abundar en explicaciones, que por otra parte coinciden con cuanto usted me dice en su carta. Si lo importante es contar con mi apoyo a las ideas por usted expuestas, desde ya puede contar con el.

Un cordial y afectuoso saludo.